Las vacunas: cuándo y por qué
Por Silvia Mundo – Área de Inmunología
Fuente: InfoVet Nº58

La vacunación de los animales debe considerarse una práctica de prevención terapéutica, por lo tanto debe estar en manos del profesional veterinario quien debe evaluar las condiciones fisiológicas del animal, su hábitat, la posibilidad de contacto con otros animales (epidemiología de las enfermedades) y su historia inmune para adaptar estos planes a las necesidades del paciente.

En otros países del mundo, las vacunas se clasifican en esenciales (core) y opcionales (non-core) a partir de un análisis multifactorial que incluye la gravedad de la enfermedad, la transmisibilidad y la potencialidad de ser zoonótica. En nuestro país esto aún no está definido, pero debieran utilizarse criterios similares incluyendo nuestras propias características.

Los criterios profesionales deben fundarse en los conocimientos sobre la respuesta inmune y la variedad de inmunógenos producidos en laboratorio. No hay que olvidar que la vaccinología se desarrolló utilizando métodos empíricos. En los últimos años, con los avances del conocimiento sobre el funcionamiento del sistema inmune y sobre la biología de los patógenos, así como la implemen-tación de técnicas de biología molecular, los avances o propuestas se realizan con fundamentos teóricos, pero en cierto sentido, el conocimiento no llega a ser completo y las propuestas hay que confirmarlas a campo.


La edad del animal a vacunar

La edad de la vacunación de los cachorros esta íntimamente ligada al estado inmunitario de sus madres. La importancia de la transferencia de inmunidad pasiva a través de la placenta (que se produce en baja proporción en perros y gatos) y especialmente a través de la absorción del calostro durante las primeras horas de vida es fundamental para la sobrevida de la cría. El neonato no es un inmunodeficiente, sino que diversos factores afectan su respuesta inmune activa. Si la respuesta se produce, no hay que olvidar que tiene las características de una respuesta inmune primaria y está influenciada por las hormonas maternas involucradas en el parto y la falta de madurez de su sistema de regulación térmica.

El recién nacido posee un ingreso directo a su circulación sistémica por ombligo de los patógenos ambientales, estos pueden ingresar sin demasiadas barreras protectoras, por lo tanto es un individuo expuesto.

La inmunidad pasiva protege con altos niveles de anticuerpos a este individuo, pero retarda por regulación negativa el inicio de una respuesta inmune normal del cachorro.

La vida media de estos anticuer-pos y el grado de absorción de calostro influyen directamente en la duración de este período de protección pasiva en el cual, si vacunamos, podemos generar poca respuesta inmune y quizás consumir parte de estos anticuer-pos protectores.

Una de las estrategias que se ha propuesto para superar la posible interferencia de los anticuerpos maternos es la utilización de vacunas contra parvovirus atenuadas con alto titulo viral y de bajos pasajes de atenuación. El objetivo es que la dosis vacunal supere la neutralización de los anticuerpos maternos y el virus pueda replicar en el organismo e inducir una buena respuesta inmune.

En general la vacunación de los cachorros se recomienda a partir de los 45 días o 6 semanas, momento en el cual generalmente esta interferencia generada por los anticuerpos de origen materno empieza a decaer. Sin embargo para asegurar que la respuesta a la vacunación sea efectiva ésta debe repetirse a las 12 semanas de vida.


Intervalo entre vacunas

La respuesta inmune es activada en el momento de ingreso del antígeno al organismo. La respuesta según sea primaria o secundaria posee un período de inducción de diferente extensión en el tiempo, período donde se ponen en marcha los mecanismos humorales y celulares que permiten montar una respuesta protectiva.

Simultáneamente con este estímulo de activación se estimulan también los mecanismos reguladores de la respuesta que dirige su cinética. Los mediadores celulares de esta respuesta de estímulo y posterior regulación son las citoquinas originando un período de respuesta activa y un período regulatorio en donde predominan las citoquinas supresoras.

Estos mediadores son antígeno inespecíficos, esto significa que pueden actuar regulando la respuesta de todas las células estimuladas durante este período sin discriminar el antígeno que las estimuló. Por lo tanto si vacunamos en este período de regulación negativa estamos afectando la generación de la respuesta frente a este segundo inmunógeno.

Esta cinética de respuesta debe ser tomada en cuenta al programar un plan de vacunación, considerando que en general 3 semanas es un período prudente para que la respuesta a la primera vacuna no interfiera con la respuesta a la segunda vacuna.

Relacionado con este tópico, la posibilidad de utilizar vacunas combinadas permite un estímulo simultáneo del sistema inmune frente a diferentes antígenos, posibilitando la protección con menor número de intervenciones del profesional. Esta combinación de antígenos debe ser probada para confirmar que no exista interferencia entre las respuestas.

La interacción entre inmunó-genos, inoculados simultáneamente (vacunas combinadas), mediada por las citoquinas puede ser beneficiosa obteniéndose una respuesta de mejor calidad comparada con las vacunas monovalentes.

Podríamos considerar que algunos de los componentes actúa como adyuvante de la respuesta, esto en general se cumple cuando las combinaciones se realizan entre vacunas virales y bacterianas, donde las paredes de las bacterias actúan con efecto de tipo inflamatorio y estimulante de la respuesta inmune.


Tipos de vacuna

Con respecto al tipo de vacunas, las que son capaces de ingresar a través de las mucosas son de elección cuando están disponibles en el mercado. La ventaja de este tipo de vacunación es lograr una defensa local y sistémica al ingreso del patógeno. La respuesta inmune en mucosas tiene una dinámica propia con la formación de IgA. Este isotipo de Ig tiene la característica de ser la que se produce en mayor proporción en el individuo diariamente y tapiza una superficie muy extensa. Además tiene un efecto de neutralización sobre el patógeno excluyéndolo del tejido sin provocar inflamación.

En los últimos años se ha avanzado sobre el conocimiento de este tipo de inmunidad local y se han desarrollado vacunas in-tranasales para infecciones respitatorias como Bordetella bronchiséptica y el virus de la parainfluenza canina. A pesar de las ventajas en el tipo de inmunidad ya enunciadas la incorporación de este tipo de administración en la clínica diaria no ha sido masiva hasta el presente.

Tanto las vacunas inactivadas como las atenuadas, en general, son administradas por vía subcutánea. La vía intramus-cular aparentemente da mejores resultados, pero no hay trabajos científicos que confirmen esta práctica.


Frecuencia entre las vacunaciones

Una vez obtenido un buen nivel de inmunidad con las vacuna-ciones durante el primer año de vida (considerando primera, segunda y tercer dosis) se recomienda la revacunación con una dosis anual.

Si pudiéramos evaluar los niveles de protección individual, en la mayoría de los casos la revacunación cada 3 años sería suficiente para mantener un grado de protección adecuado. Este replanteo de los lapsos esta basado en los problemas que surgen con la reva-cunación utilizando vacunas inactivadas formuladas con adyuvantes. Estas sustancias estimulan la respuesta inmune causando irritación en el sitio de ingreso del inmunógeno y ocasionando, en determinados individuos, hipersensibilidades y anemias hemolíticas. La predisposición al desarrollo de estas lesiones está directamente relacionada con la raza y el número de exposiciones, por lo tanto se comenzó a cuestionar la verdadera necesidad de la revacunación anual.

Con respecto a la fisiología del sistema inmune, no debemos olvidar que en la etapa de vejez del animal el sistema de defensa comienza un período de decadencia, que hace que debamos reforzar la inmunización de los gerontes para mantenerlos protegidos frente a este aumento de sensibilidad a las infecciones.

Por lo tanto, a pesar de recomendar vacunaciones de refuerzo a intervalos prolongados durante la madurez del animal, no debemos olvidarnos de vacunar a los animales de más de 10 años.


Riesgos y complicaciones

El uso de adyuvantes en la vacunación de gatos contra leucemia felina esta íntimamente relacionado con la aparición de fibrosar-coma felino. Por lo tanto, si el felino no está expuesto a la enfermedad y es un animal que tiene hábitos caseros se sugiere no vacunar. En caso que por exposición sea indicada la vacunación se aconseja practicarla en el rabo, ya que en caso de desarrollo de fibrosarcoma, su amputación no comprometería la supervivencia del animal.

De todas maneras, al conocer este riesgo el veterinario debe advertir al dueño del animal la posible complicación de esta vacuna.

En el caso de la vacunación contra coronavirus canino a pesar de tener una presentación conjunta con la de parvovirus, su utilización se considera innecesaria dado que la infección presenta síntomas suaves, auto-limitantes y afecta generalmente a cachorros menores de 8 semanas, periodo durante el cual la vacunación no llega a niveles de protección considerables.


Perspectivas

Las perspectivas futuras de las vacunas se orientan hacia la utilización de recursos de nueva tecnología (recombinantes, subu-nidades, ADN desnudo), apuntando a resolver algunos problemas como reacciones adversas, respuesta inmune celular efectiva y diferenciación entre vacunados e infectados.

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